José Luis Fernández Fernández.

 

Finanzas y ética: La dimensión moral de la actividad financiera y el Gobierno Corporativo

La Inversión Socialmente Responsable: Los Fondos Éticos y Ecológicos.

No todos los inversores son iguales, ni que todos buscan -más allá de la obvia intención de rentabilizar el dinero invertido- exactamente las mismas metas. Habría que tener en cuenta, por lo demás, que el modo de entender la acción inversora, así como el mecanismo para hacerla operativa cambia y ha ido cambiando a lo largo del tiempo y de la historia, al compás de otros cambios de calado sociológico de más o menos importancia

La existencia de los denominados fondos de inversión éticos, de los fondos de inversión socialmente responsables o de los fondos ecológicos es prueba evidente de esto que decimos. Este tipo de productos, por lo demás, ha de ser conectado con la adopción de criterios de Responsabilidad Social Corporativa por parte de las empresas; y, sobre todo, con la voluntad de poner ante los ojos de la opinión pública, con transparencia, los resultados alcanzados a lo largo del ejercicio en los ámbitos económico, social y medioambiental.

Parece ser, a tenor de la existencia y creciente vigor de estas nuevas estrategias inversoras (1), que habría que poner entre paréntesis algunos estereotipos y, en todo caso, reconocer que es muy posible que se puedan tratar de intentar conseguir, en todo proyecto inversor, dos objetivos no excluyentes; a saber: el de ganar dinero y el de hacerlo desde unos parámetros escogidos por el inversionista, en línea con su conciencia y a tono con sus valores morales.

Por fortuna el mercado es muy amplio y hay lugar para combinaciones muy diversas.

Parece ser que quienes primero empezaron a operar en los mercados de valores con el ánimo de intentar ganar dinero sin traicionar sus convicciones morales fueron grupos de marcado sesgo religioso -concretamente los cuáqueros-, en los Estados Unidos de Norteamérica, allá por el siglo XIX. Lo hacían excluyendo de sus inversiones empresas vinculadas al tráfico de esclavos o a la producción de alcohol.

Sin embargo, el primer fondo de inversión ético y con responsabilidad social, tal como los conocemos hoy en día -el Pax World Fund- fue creado en 1971 en los Estados Unidos, con ánimo de atender la demanda de los inversores que querían excluir a las empresas norteamericanas que estaban vinculadas económicamente al mantenimiento de la guerra de Vietnam.


(1) En España aún no es muy relevante el peso que este tipo de inversiones tienen. En otros contextos, las cosas apuntan en serio en la línea de consolidación y avance de estas modalidades inversoras. Según datos recientes -véase: www.socialinvest.org- parece ser que en los Estados Unidos son ya más del 13% de los activos invertidos desde instituciones de inversión colectiva los que toman en cuenta los criterios de RSC. Y que, por lo que a la Unión Europeo respecta, a fines de 2001 eran ya 251 el número de fondos de inversión que incorporaban criterios de responsabilidad social corporativa al proceso de configuración de sus carteras, superando los 15.000 millones de euros en activos gestionados. Según observa la Fundación Ecología y Desarrollo en su Anuario sobre Responsabilidad Social Corporativa en España 2003, los activos invertidos en estos fondos en el conjunto de la Unión Europea, han ido creciendo a un ritmo anual en torno al 35%, que viene a suponer un ritmo tres veces superior al de las instituciones de inversión colectiva tradicionales.

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Juan Manuel Maza - Asesor de Inversiones Eticas
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