Finanzas y ética: La dimensión moral de la actividad financiera
y el Gobierno Corporativo
La Inversión Socialmente Responsable: Los Fondos
Éticos y Ecológicos.
No todos los inversores son iguales, ni que todos buscan -más allá
de la obvia intención de rentabilizar el dinero invertido- exactamente
las mismas metas. Habría que tener en cuenta, por lo demás,
que el modo de entender la acción inversora, así como el
mecanismo para hacerla operativa cambia y ha ido cambiando a lo largo
del tiempo y de la historia, al compás de otros cambios de calado
sociológico de más o menos importancia
La existencia de los denominados fondos de inversión éticos,
de los fondos de inversión socialmente responsables o de los fondos
ecológicos es prueba evidente de esto que decimos. Este tipo de
productos, por lo demás, ha de ser conectado con la adopción
de criterios de Responsabilidad Social Corporativa por parte de las empresas;
y, sobre todo, con la voluntad de poner ante los ojos de la opinión
pública, con transparencia, los resultados alcanzados a lo largo
del ejercicio en los ámbitos económico, social y medioambiental.
Parece ser, a tenor de la existencia y creciente vigor de estas nuevas
estrategias inversoras (1), que habría que poner entre paréntesis
algunos estereotipos y, en todo caso, reconocer que es muy posible que
se puedan tratar de intentar conseguir, en todo proyecto inversor, dos
objetivos no excluyentes; a saber: el de ganar dinero y el de hacerlo
desde unos parámetros escogidos por el inversionista, en línea
con su conciencia y a tono con sus valores morales.
Por fortuna el mercado es muy amplio y hay lugar para combinaciones muy
diversas.
Parece ser que quienes primero empezaron a operar en los mercados de valores
con el ánimo de intentar ganar dinero sin traicionar sus convicciones
morales fueron grupos de marcado sesgo religioso -concretamente los cuáqueros-,
en los Estados Unidos de Norteamérica, allá por el siglo
XIX. Lo hacían excluyendo de sus inversiones empresas vinculadas
al tráfico de esclavos o a la producción de alcohol.
Sin embargo, el primer fondo de inversión ético y con responsabilidad
social, tal como los conocemos hoy en día -el Pax World Fund- fue
creado en 1971 en los Estados Unidos, con ánimo de atender la demanda
de los inversores que querían excluir a las empresas norteamericanas
que estaban vinculadas económicamente al mantenimiento de la guerra
de Vietnam.
(1) En España aún no es muy relevante el
peso que este tipo de inversiones tienen. En otros contextos, las cosas
apuntan en serio en la línea de consolidación y avance
de estas modalidades inversoras. Según datos recientes -véase:
www.socialinvest.org- parece ser que en los Estados Unidos son ya más
del 13% de los activos invertidos desde instituciones de inversión
colectiva los que toman en cuenta los criterios de RSC. Y que, por lo
que a la Unión Europeo respecta, a fines de 2001 eran ya 251
el número de fondos de inversión que incorporaban criterios
de responsabilidad social corporativa al proceso de configuración
de sus carteras, superando los 15.000 millones de euros en activos gestionados.
Según observa la Fundación Ecología y Desarrollo
en su Anuario sobre Responsabilidad Social Corporativa en España
2003, los activos invertidos en estos fondos en el conjunto de la Unión
Europea, han ido creciendo a un ritmo anual en torno al 35%, que viene
a suponer un ritmo tres veces superior al de las instituciones de inversión
colectiva tradicionales.
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